jueves, 17 de febrero de 2011

Joropoterapia en Margarita



Directo de Acarigua, estado Portuguesa llegaron los morochos Pedro y Aracelis Díaz, bailadores de joropo llanero y sembraron su semilla en la isla de Margarita, “Vinieron a celebrar el aniversario de la revista Aguamarina y no podíamos desaprovechar esa oportunidad” dijo Magaly García, coordinadora del Centro de Artes Omar Carreño, a propósito de la Joropoterapia realizada en el espacio cultural adscrito a la gobernación del estado Nueva Esparta.



El escenario el Omar Carreño se colmó con los niños del CDI La Asunción y algunos integrantes de Danzas Asoveuba y Danzas Nacionalistas La Asunción, quienes atentos escucharon las indicaciones de los hermanos Díaz y al son del Joropo, aprendieron distintos pasos y figuras como: el zapateo, escobilleo, toreo,
valse, vuelta picurera y soga cachilapera.

“La Joropoterapia, ha sido algo que quisimos experimentar como grupo folklórico para proyectar los bailes tradicionales como el joropo recio y ha dado un gran resultado de participación en grupos de niños, adultos, personas de tercera edad y personas con capacidades especiales. Además de aprender a bailar, sirve
para desestresarse y mantenerse en forma. Pero lo más importante para nosotros es que sembramos esa semilla para que el joropo nunca muera”, dice Pedro Díaz.



“Nuestro primer bailador fue el Catire Páez. El joropo tiene una influencia europea, en cuanto a lo que es el zapateo y algunos instrumentos, como el arpa, Hoy en día existe dos clases de joropo llanero, el autóctono como tal y el joropo de la evolución que es más estilizado, con nuevas figuras y trajes más elegantes”, agrega Pedro.

Explicaron los hermanos Díaz que existe una diferencia entre bailarín y bailador: “El bailarín de danza nacionalista es más estilizado en cuanto a su técnica, el bailador de joropo es más agresivo, más fuerte. El joropo nacionalista se baila con tacones pero el joropo recio, se baila con alpargatas y el zapateo puede ser tan fuerte en algunos momentos de emoción que los bailadores traspasan la tarima”.



Tras quince años bailando juntos, los hermanos Díaz han desarrollado un código de gestos, guiños y miradas para comunicarse en escena. Sus ojos adquieren un brillo especial cuando escuchan la música. “El joropo representa cada detalle de la vida en el llano con una gran carga de sentimientos y eso es lo más bonito” apunta Aracelis.

“La concentración es lo más importante, cuando vamos a un festival yo le digo a mi hermana tengo algo en mi corazón y cuando el arpa suena se me brotan las venas y el corazón me comienza a brincar, lo hacemos con amor y podríamos amanecer bailando”.

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